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Fargo se debería convertir en tu nueva serie de cabecera

Fargo se debería convertir en tu nueva serie de cabecera
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Señores de Hollywood: estoy cabreada con ustedes. No me malinterpreten, es un amor-odio. Les amo con locura pero al mismo tiempo les detesto. Les agradezco enormemente que estén luchando con todas sus fuerzas para terminar con ese tedioso síndrome de orfandad que sufrimos los telespectadores cuando nuestra serie preferida termina. Cuando tenemos que despedirnos, contra nuestra voluntad, de Walter White, de Dexter, de Tony Soprano o de Rust Cohle. Es un sentimiento frustrante, una sensación de abandono: ¿por qué me dejas, Rust, a mí, que voy a quererte eternamente? ¿Por qué te vas de mi vida, si fuiste tú el que decidiste entrar por sorpresa?

Pero como digo, señores de Hollywood, conseguís paliar los peores síntomas de ese síndrome sacando series de grandísima calidad continuamente. Así, se va Walter y entra Rust. Se va Don y entra Lorne Marvo. Porque en Hollywood sabéis que un clavo quita otro clavo. Y que lo mejor para superar el abandono de Walter es tener un affair con Frank Underwood. Sin embargo les detesto, señores de Hollywood, por tenerme haciendo malabarismos con mi vida social y mi vida seriéfila. Porque habéis conseguido que mis amigos me teman por ser la que llama a la puerta y no me comprendan cuando les explico la teoría de que la vida es un círculo constante y que no sabemos a ciencia cierta cuántas veces habremos tenido esta conversación.

Lo peor de todo es que no me resisto a decir esa frase de "no habrá nada como". No habrá nada como Twin Peaks. No habrá nada como Breaking Bad. No habrá nada como True Detective. Y de repente van y sacan Fargo.

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Y como considero que las series hoy en día son más lifestyle que nunca (¿cuántas veces os habéis perdido en una conversación por no haber visto "el último de X"?) me gustaría ayudaros con vuestro síndrome de orfandad producido por cualquier serie que hayáis terminado recientemente y por la que hayáis dicho "no habrá nada como". Porque sí lo hay y es Fargo.

¿Qué es Fargo? Fargo es una serie inspirada en la película de 1996 de los hermanos Coen que lleva el mismo título. Algo que parece ser tendencia últimamente, hablo de la moda de realizar series inspiradas en películas: últimamente hemos tenido series-pasatiempo (con grandes interpretaciones) como Bates Motel, que trata de contar la historia de Norman Bates antes de volverse loco (o durante su proceso de locura, mejor dicho) o Hannibal, con el magnífico Mads Mikkelsen interpretando al psiquiatra caníbal.

Sin embargo, seamos honestos: es difícil superar a una película como Psicósis y es todavía más difícil superar a una película que ha conseguido los cinco grandes premios de la Academia como es El Silencio de los Corderos. Mi terror al comenzar Fargo era ese: "me gustará, pero no tanto como la película". De hecho la frase "la serie está muy bien pero la película es mejor" es el nuevo "la peli está muy bien pero me gustó más el libro". Y si nos ponemos todavía más quisquillosos, ¿tan faltos de ideas están ahora mismo en las cadenas de televisión que necesitan tirar de adaptaciones y reinvenciones?

Fargo está inspirada en la película de los hermanos Coen y emitida por la cadena americana FX es un soplo de aire fresco dentro de esta nueva tendencia. Porque Fargo (serie) no es Fargo (película), aunque muchos de los personajes de la película existan en la realidad paralela que es la serie, siendo diferentes a los de su historia original y sin tener necesariamente una conexión temporal: los personajes están ahí, no preguntes ni de dónde vienen ni a dónde van.

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La serie está dirigida por Adam Bernstein, quien ha dirigido episodios de Californication o Breaking Bad y está guionizada por Noah Hawley (Bones) quienes se han enfrentado al reto de "adaptar" o de "inspirarse" en una película ganadora de dos Oscar y encima, hacerlo bien.

Algunas de las claves del éxito de la fórmula Fargo son por ejemplo, su duración: la serie, siguiendo la fórmula de True Detective, consta de diez capítulos cerrados, de modo que no deberíamos considerarla serie, más bien miniserie. Realizar un proyecto audiovisual sin pensar en dejar tramas abiertas y al espectador con la miel en los labios a la espera de una segunda temporada ofrece la posibilidad de centrarse en una sola historia, contarla a fondo y contarla bien. Presentar a los personajes como en una película, con su principio y su final y el tiempo dirá si tenemos más Fargo o si tenemos otro Fargo distinto (como pasará con la segunda temporada de True Detective).

Otro de los puntos fuertes de Fargo es su elenco: empezando por Martin Freeman, con acento americano interpretando a un pusilánime que nada tiene que ver con su célebre Watson de Sherlock o el agudo Tim de The Office. También encontramos a una poco conocida Allison Tolman interpretando a Molly Solverson, una inteligente y adorable agente de policía. Caras conocidas como Colin Hanks que interpretó a un asesino rival de Dexter en una de sus últimas temporadas. O Bob Odenkirk, a quién recordaréis mejor si os digo que es el mítico Saul Goodman y también Kate Walsh, la mítica doctora Addison Montgomery de Anatomia de Grey.

Pero sin duda el punto fuerte, la estrella de la serie es el ganador de un Oscar Billy Bob Thornton quien realiza una estupenda interpretación de un personaje que, al tiempo, se convertirá en un grande de las series de televisión: el asesino a sueldo Lorne Malvo que, ya en el primer capítulo, suelta un par de frases de esas que son carne de fan fiction. Lorne Malvo es el espíritu de la serie porque representa todo lo que la serie es en sí: ácida, con un humor negro desternillante, violenta y con un poder de atracción que hace que no puedes parar de mirarla.

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La serie se presenta como una historia "basada en hechos reales", ambientada en un pequeño pueblo de Minnesota donde la casualidad y unos hechos que se cruzan entre sí desencadenan una serie de acontecimientos que darán vida a toda la serie. Fargo es un thriller con un humor negro personal y único que por momentos te recuerda a lo mejorcito de los Coen y otros a aquellas situaciones sin sentido e hipnóticas que nos dejó Twin Peaks.

De modo que, señores de Hollywood, les detesto por seguir robándome pedacitos de mi vida, pero les amo por hacerlo de esta manera. Así da gusto.

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