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¿Estamos o no estamos conectados? La paradoja del Ambient Awareness

¿Estamos o no estamos conectados? La paradoja del Ambient Awareness
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El (buen) uso y el abuso de las nuevas tecnologías es uno de esos debates que nunca tienen fin, especialmente cuando se toca el tema de la socialización a través de ellas. Hay quien opina que se han perdido las formas, que debido a las redes sociales y la tecnología la gente vive más aislada, que se comparte información superflua: como qué has desayunado o la puesta de sol que estás viendo, en definitiva, que aquello que en un principio se creó para conectar a las personas hoy en día nos hace vivir más desconectados del mundo real.

Luego encontramos a personas como Clive Thompson, periodista de Wired y New York Times Magazine y autor del libro Smarter Than You Think: How Technology is Changing our Minds for the Better donde nos explica un concepto interesante, ¿has oído hablar del ambient awareness?

Hace unos meses, Analía Plaza, periodista, se preguntaba si Internet nos hacía más tontos o más listos, para responder a la pregunta, entrevistó al propio Clive Thompson sobre el tema ya que su libro parecía ser una contundente respuesta a otro titulado Superficiales: ¿qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, del estadounidense Nicholas Carr que cree que la multitarea y las interrupciones constantes cuando estás utilizando Internet hacen que pierdas tu capacidad de concentración. A pesar de lo interesante de las dos visiones, curiosamente ha sido el concepto Ambient Awareness (o conciencia de ambiente) de Thompson lo que más ha trascendido del debate sobre si Internet nos hace estúpidos o mega inteligentes: porque utilices Internet del modo que lo utilices, a todos nos preocupa habernos aislado del mundo, ¿lo hemos hecho?

Ambient Awareness o nuevas formas de interacción social

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Una amiga me comentó hace poco lo siguiente: "Cómo es posible que en la era de las conexiones, cada vez estamos menos conectados y las conexiones son más superfluas, no hay tanta comunicación real y a fondo si no pequeños pespuntes. Yo, por ejemplo, ya no llamo nada, me contento con mandar un mensajito... Vas perdiéndote las cosas que de verdad importan. El tiempo que antes gastabas en conversaciones telefónicas ahora son dos mensajes y un rato en redes sociales".

¿Hemos desconectado realmente o hemos entrado en una nueva era dentro de la comunicación que todavía no somos capaces de entender? A fin de cuentas, el mundo está en constante cambio: cuando se dejó de escribir por carta porque se inventó el teléfono probablemente se perdió un modo de comunicación más reflexivo, más claro para dar paso a uno más directo, a una interacción más veloz, ¿es esto algo malo? Nadie lo ve así hoy día.

En septiembre de 2006, Clive Thompson publicó un reportaje en la revista del New York Times titulado Brave New World of Digital Intimacy, donde hablaba de los orígenes de Facebook y de cómo Zuckerberg llegó a crear ese muro de interacciones al que hoy día estamos tan acostumbrados y desde el que de un sólo vistazo puedes sentirte como el ojo de Sauron: enterándote y observando todo lo que sucede alrededor.

La conciencia de ambiente es un concepto relativamente nuevo, que los sociólogos de comunicación acuñan observando los nuevos cambios tecnológicos y cómo estos afectan a las interacciones, es la manera de describir cómo hoy en día estamos más enterados de lo que sucede a nuestro alrededor, cómo un pequeño detalle no te explica la vida de una persona pero si juntas las piezas de sus interacciones (como sucede en su muro de Facebook, por ejemplo) tienes el puzzle completo de lo que sucede en su vida. Es decir, conoces los pensamientos, las acciones y las experiencias de esa persona sin tenerle cerca físicamente, incluso sin preguntarle esa información.

La especialista en experiencia de usuario, Leisa Reichelt desarrolla el concepto: "es la forma de mantener el contacto con las personas a un nivel de regularidad e intimidad al que antes no tenías acceso, porque el tiempo y el espacio actual conspiran para hacerlo posible". Es decir, que actualmente tenemos un incesante flujo de contacto online, aunque ni siquiera queramos tenerlo.

¿Es esto malo? No, esto es diferente. Dejando a un lado los términos más técnicos sobre Ambient Awareness, la traducción real es que hoy día sabes lo que sucede en la vida de tus amigos: sabes qué es de ese amigo que está viviendo en Londres y de ese otro que está viviendo en Nueva York sin necesidad de preguntarles. Cuando quedas con una amiga para tomar unas cañas, no tenéis que poneros al día de absolutamente todo, puedes preguntarle directamente qué tal le va en su nuevo trabajo, porque sabes que tiene un nuevo trabajo.

¿La era del narcisismo?

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Es más complicado, eso sí, abrazar estas nuevas formas de comunicación si tienes más de 40 años (no lo digo yo, lo comenta Clive Thompson). Esta generación, más madura y que, permitidme la generalización, no está tan al día en las redes sociales, no está acostumbrada a compartir su información diaria. Al contrario que aquellos que ahora están en la veintena y treintena (no hablemos ya de los más jóvenes), que son hijos de los chats de Ya.com y de las conversaciones de Messenger.

A menudo se habla de la tendencia narcisista de las redes sociales, a fin de cuentas, sus creadores e hijos legítimos son parte de la Generación Y, también conocida como la Generación Yo o la Peter Pan Generation, posiblemente la generación más narcisista de la historia. ¿Qué importancia tiene la canción que estés escuchando? ¿Que tu bus esté lleno de gente o que la cola del supermercado sea interminable? Y sobre todo, ¿qué información está dando realmente sobre ti? ¿Es acaso relevante? No, y es aquí donde aparece la paradoja del Ambient Awereness: cada actualización es insignificante por sí misma, en muchos casos incluso irrelevante, pero si las juntamos todas, desde la canción que escuchas hasta lo histérico que te pones en la cola del supermercado, la persona que te lee se hace una idea global de todo lo que sucede en tu vida.

¿Narcisismo? O lo que es peor, ¿postureo? Como en la vida real, los fantasmas han existido siempre: quizás sepas que un amigo tuyo es más sibarita de lo que pensabas porque siempre sube fotos de comidas deliciosas y de buen vino, quizás te apetezca salir con él. Sin embargo, también puedes descubrir que ese amigo que solamente sube selfies y fotos de su cuerpo es un absoluto narcisista y decidas cortar toda comunicación.

En definitiva, podríamos llegar a una serie de conclusiones similares a las que se pueden llegar con el debate de si Internet nos hace más tontos o más listos, más sociales o más antisociales: Internet no te hace, es simplemente una herramienta a la que tú le das el uso que deseas. ¿Se han perdido las formas? ¿Se ha perdido la comunicación real? Quizás seas tú quien la ha perdido. Si te preocupa que ya no llamas tanto por teléfono, apaga el ordenador y llama por teléfono. Sucede como con la pérdida de concentración a causa de la multitarea, céntrate en una sola cosa, responsabilízate.

Para otros en cambio, es una gran ventaja: si trabajas muchas horas a la semana y tienes poco tiempo libro, es agradable poder mantener contacto con algunos amigos y saber que todo les va bien, aunque sea a través de un comentario en Facebook. O si vives lejos de tus amigos, por las razones que sean, es una ventaja tener acceso a una serie de formas de interacción totalmente gratuitas para mantenerte al día. Incluso si eres muy vago y nunca preguntas a tus amigos qué tal, ahora sabes que les va bien.

Y no olvidemos que a fin de cuentas, el mundo real y el mundo digital no son dos universos incompatibles, pueden complementarse.

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